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A MI MANERA / PREMIO NOBEL PARA LOPEZ OTÍN



Tengo un nudo en mi cerebro que no hay quien lo pueda desatar. Rabia, odio y maldad son los factores que juntos eclipsan casi totalmente mis cinco sentidos en estos momentos. Puede que allá a lo lejos, casi diría que a años y años luz de donde ahora me encuentro, se vislumbre un punto brillante en el espacio que pueda ser el principio del origen de una solución, no lo sé; son tantas las dudas que fluyen hasta mi interior y resultan tan enormes las náuseas, que no encuentro la manera de retornar a un estado de ánimo placentero… Ansío adentrarme por los senderos que conducen a la paz, a la calma. En esta situación parece que se encuentra, uno de los mejores cerebros científicos y honestos, por no decir el mejor,  de este país todavía llamado España. El lector o lectora ya lo ha advertido, pues está muy claro que no puede ser otro que el serrablés de Sabiñánigo, Carlos López Otín, quien tanto y tanto ha trabajado en la ciencia molecular, en los campos de aplicación del genoma humano. Han sido muchos los aciertos y numerosos los pasos adelante que ha dado con su equipo de investigación en la lucha contra el cáncer.
Uno, que se siente montañés como él y que es hijo de Biescas, ha sentido como propios  los avances de este catedrático de la Universidad de Oviedo, ha recibido numerosas ofertas para analizar y trabajar en universidades estadounidenses y otros países más avanzados que España; ofertas todas ellas que ha rechazado por seguir manteniendo la afinidad con esta que es su tierra. Quienes hemos tenido la suerte de conocerle y le hemos considerado nuestro espejo en el cual mirarnos como ejemplo, estamos muy enfadados con la injusticia que se está le está cometiendo, del daño, esperemos que no imparable del todo, nos afecta a tantos y tantos sufridores, que sí nos sentimos solidarios, quisiéramos que a ultranza, con quienes padecen tan terrible enfermedad en tan diferentes variantes.
En este instante ha vuelto ese nudo atado por tal causa a mi cerebro, y si siempre me he sentido educado en las formas, me entran unos deseos de insultar a unas gentes mezquinas, envidiosas… Estimados lectores: pido que comprendan mi estado de animo tan deplorable, que entiendan mis deseos solidarios, que serán muy pretenciosos, pero en mi buena fe abarcan a toda la humanidad. Señoras y señores envidiosos, ¿alguno de ustedes padece cáncer?, ¿verdad que les gustaría encontrar un remedio? No sean retorcidos y egoístas, y dejen investigar a quien sabe, a los científicos de la talla de Carlos López Otín. ¿Es que alguien les molesta que sea candidato al Premio Nobel? Sean humildes y sepan pedir perdón.

MANUEL ESPAÑOL

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