Anochecer en Tenerife (M.E.) En torno al cráter del Teide (Foto M.E.) Mi cabeza, mis pensamientos, forman parte de una armonía alocada sin conexión aparente. Las nubes ciegan este corazón que ya lleva consigo los aires guanche que le inundan interiormente con un fuego abrasador que hace arder nuestros cerebros. Preparo las lanzas dispuestas para hacer uso guerrero de esos artilugios que sirven para alimentar y a la vez relajar momentos de larga tensión, tanto física como emocional. Voces guturales se escuchan por los espacios cargados de mensajes difíciles de entender, y sin direcciones concretas. Todo son vueltas sobre uno mismo con caída final por la parte más activa de un espacio difuminado y nada nítido, pero que deslumbra, no se si en el amanecer o en una puesta de sol dorada y explosiva con el fondo vibrante y musical puesto por Los Sabandeños, apoyados también por el dulce encanto que irradia María Dolores Pradera. Me encuentro exultante...
Se puede soñar a través de un viaje abierto por los espacios infinitos de la libertad, la cultura y el diálogo