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LIBROS / AMIGO LABORDETA: "RECUERDOS DE + DE 80 COMPAÑEROS DE VIAJE"

Portada del libro dedicado a José Antonio Labordeta


Hoy me encuentro a 3.254 metros del suelo y no me hallo en la cima de ningún picacho del Pirineo. Me diréis que estoy muy loquillo, y más si os comento que a pesar de ello piso por el algodón de una nube de sueños a la vez que paseo por las orillas del Ebro a su paso por Zaragoza. Ya me explicaréis cómo puede ser, porque yo no lo entiendo tampoco. Sí, me gusta esta nube de la que no quiero bajar y que me transporta por un mundo mágico, emocionante, sensible. Me acosté pensando en el mundo de ideales y de lirismo de José Antonio Labordeta y por mi mente pasaban con rapidez y ensueño uno tras otro de sus poemas, y las imágenes se sucedían dando paso a una sonrisa dulce y a la vez exaltada con la fuerza explosiva de los ideales por los que siempre había luchado más allá de su último suspiro: ideales de amor, siempre de amor a su tierra, a sus gentes, al sentimiento a favor del deprimido, de las causas justas sin necesidad de fronteras, de música muy aragonesa con las puertas abiertas hacia la justicia. Sí, ese era mi profe por un día, él cargado de juventud y sabiduría y diez años mayor que este loco surrealista empeñado en ser el eterno aprendiz de ser humano.
 Un día, en las instalaciones del Colegio Santo Tomás de Aquino, de la calle Buen Pastor, en plena época franquista, José Antonio tuvo que sustituir al profesor de Historia y comenzó por pasar lista a una clase como la nuestra, en la que había algún desvergonzado que otro, por lo que cuando pronunció el nombre de “Miranda”, el mentado contestó: “¡comunista!”, ante el silencio sepulcral de los que éramos sus compañeros. No, no hubo bronca, que vino a decir algo así como “calla, calla, que no es el momento”. Y volvieron las sonrisas. Luego, con la caída de las hojas del calendario a lo largo de los años, se convirtió en uno de los maestros de mi vida, de esos que cubren de humanismo el armazón humano.
“¡Eh, Gabino, baja de la nube, que te vas a estrellar!”, oigo que me grita el fantasma de mi asqueroso Pepito Grillo. Y yo, que no sé si por la edad o por qué soy algo duro de oído, no entiendo lo que dice y sigo en la nube. Para qué bajar si soy feliz… Salgo muy pronto de casa y ya me acerco a los puentes de ese río que guarda silencio al pasar por el Pilar, y aunque el día es muy caluroso se me hinchan los pulmones de oxígeno y aparecen las visiones mágicas acompañadas de los suspiros de mi garganta con el “Canto a la Libertad”, “Somos”, “Albada”, “Aragón”… cantados con la vehemencia de la que soy capaz, y como decimos en esta tierra tan especial, a grito pelado. No me faltan oyentes ni hasta algún irónico aplauso que otro que no logra sacarme de ese mundo onírico en el que me hallo tan inmerso.
Voy a contaros un secreto. Era un día muy especial para mi, un jornalero de las letras desde hace… ¡Buuff, que me da vergüenza decir cuantos años! Dejémoslo en un interrogante, que a veces resulta bueno ser dueño de los silencios de uno mismo. Se presentó en el Aula Magna del Paraninfo de la Universidad de Zaragoza el libro “Amigo Labordeta – Recuerdos de + de 80 compañeros de viaje”. Iniciativa del editor oscense Lorenzo Lascorz, que tan amablemente me invitó a escribir mis propios sentimientos en torno a José Antonio Labordeta. Todo un lujo para mi, entre los que se encuentran autores como Eloy Fernández Clemente, Alfonso Guerra, Luis de Grandes,  Luis Alegre, Alfredo Pérez Rubalcaba, Paco Ibáñez, Luis Pastor, José Luis Rodríguez Zapatero, María José Hernández, Pilar Bardem, La Ronda de Boltaña, Pepa Fernández, José Luis Cano (autor de la portada), Miguel Ríos, Antón Castro, Mariano Gistain. Subí las escaleras de la Plaza Paraíso y me encontré con gente maravillosa, entré en el Aula y tenía como compañero de asiento a Roberto Serrano (Orquestina Fabirol). Al momento apareció María José Hernández en todo su esplendor, que triunfa como autora y como cantante que ha grabado un hermoso disco titulado “Las uvas dulces”, con poemas del propio Labordeta. Pero el momento resultó álgido cuando hizo su entrada la viuda de José Antonio, Juana de Grandes, con un inmenso poder de comunicación. Así, uno tras otro, se respiraban espacios cargados de un ambiente cálido y de emoción. En esta presentación-homenaje llegaba para mi uno de los instantes más hermosos de la sesión, cuando Tomás Bosque, un cantautor histórico de Teruel, emocionaba con el “Canto a la Libertad” en catalán. Sí, este Canto debería sonar en muchos idiomas, como un himno de hermandad. Con una fuerza muy especial siguen sonando en la actualidad  los acordes de las músicas de uno de los personajes más queridos y admirados de esta tierra llamada Aragón, y me atrevería a decir también que de este país nuestro todavía llamado España.
No, Pepito Grillo, no me hables más de que si estoy en la nube, que si me voy a estrellar… Yo de aquí, no me voy. Siento y sentiré  por muchos años el recuerdo vivo de la Voz de Aragón.

MANUEL ESPAÑOL

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