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MONTAÑISMO / ¿CÓMO ESTÁ SU CORAZÓN MONTAÑERO?


El verano llegará casi sin darnos cuenta, y… ¡cómo aprieta entonces Helios sin piedad…! El caso es que se trata  del tiempo de los excursionistas que acudirán a “disfrutar del estío” en el interior de unos paisajes tan maravillosos como los que ofrece el abanico abierto de posibilidades existente en Aragón. Es el tiempo de la ilusión, de las ganas de estar en plenitud con la Naturaleza. Los senderos están más concurridos, y personas de todas condiciones físicas y hasta mentales se hallarán dispuestas a hacer algún que otro exceso, sobrepasando sus posibilidades; y ocurre lo que ocurre: los servicios de rescate medicalizados trabajan a tope en montañas y barrancos, exponiendo así las vidas de miembros de la Guardia Civil y sanitarios especialistas. El caso y la realidad es que, cuando llegan los meses de julio, agosto y septiembre, los accidentes se multiplican; personas que se pierden, que sufren caídas, que no soportan el sobreesfuerzo  físico, que no van con el ropaje adecuado, que sufren hipotermias, y así pasa lo que pasa…
Y claro, no se trata de ponerle puertas al monte ni a nadie, que luego aún habrá montañeros veraniegos que digan que ellos tienen derecho a ir por donde les dé la gana, que son ciudadanos que pagan sus impuestos, que no somos quienes para meternos en sus narices… Bueno pues no me voy a introducir en los orificios nasales de nadie, pero sí hurgar un poquito donde a veces duele.
¿Qué tal está su corazón, su salud montañera? ¿Ha acudido a realizarse la correspondiente revisión médica que le garanticen los doctores poder desarrollar con los menores riesgos posibles la actividad físicas de sus preferencias? Usted puede ser un enamorado de la naturaleza, ¿pero sabe donde está el límite de sus posibilidades? No lo rebase, que puede costarle un disgusto mayúsculo.
Les puedo asegurar, y me alegraría enormemente equivocarme, que en este estío a punto de llegar, nada más que en el Pirineo aragonés, habrá muertos y heridos, en unas cantidades superiores a las del resto del año, incluido el invierno. Así sucede que cuando llegan los fríos, tan sólo suelen acudir  los sistemas montañosos los expertos y bien preparados técnicamente. Hay mayor riesgo y por lo tanto se controla más. Resulta muy significativo que tan sólo un porcentaje insignificativo de montañeros están federados. Federarse no es sólo obtener un seguro médico o deportivo, es un acto de solidaridad, es pertenecer a un club, aprender a través del mismo los secretos para adentrarse sin riesgos en el apasionante mundo envuelto por los más sugerentes paisajes.
Ante todo, ser prudente no es sólo una recomendación, sino una exigencia. Cuando inicia una excursión o travesía hay que dejar en casa o en el cuartel de la Guardia Civil más próximo, el itinerario a realizar y el horario previsto. También, cuando se está en un refugio, es muy importante que a la vuelta se les llame a las guardas para decirles que todo ha ido sin problemas. Tengan en cuenta que la falta de noticias pondrá en marcha el dispositivo de rescate, enormemente costoso para las arcas públicas y que costeamos todos los contribuyentes.
Por supuesto, hay que ser extremistas en cuanto a las precauciones a tomar se refiere. Y una de los consejos que me permito dar, es que en montaña, se lleve siempre la ropa adecuada. Botas adecuadas, calcetines recios, pantalón largo, siempre ropa de repuesto en la mochila, para no ir nunca mojados, chubasquero… Y en tal época en la que estamos más expuestos a las radiaciones del sol, tan traicioneras ellas a veces, no está de más aplicarse en el cuerpo la correspondiente crema protectora.
Con lo dicho (la lista de recomendaciones sería interminable) no pretendo meterles el miedo en el cuerpo, sino todo lo contrario. Las montañas hay que vivirlas con seguridad. Así se disfrutará mejor de este mundo tan apasionante, tan hermosamente intenso.
Pero especialmente insisto, en que hay que ser conscientemente de las propias limitaciones, que hay senderos, recorridos para todas las edades y posibilidades. No merece la pena arriesgar si no se está preparado, para sentir las grandezas de la montaña.
MANUEL ESPAÑOL
FotoCésar Valero

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