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HORA BRUJA / DEL POLVO VENIMOS Y AL POLVO VAMOS



Hoy me encuentro absorto en mis pensamientos a veces un tanto disparatados y  a veces hasta incongruentes. Así que doy vueltas y más vueltas  sobre temas tan serios como la vida, y sólo se me ocurre una frase que a algunos les puede parecer un tanto gamberra (no digo que no les falte una pequeña chispa de razón), pero que no deja de ser de lo más auténtico: “Del polvo venimos, al polvo vamos” sintetiza el origen y el ocaso de la vida, ahí es nada.
 ¿Ya está este pirado con sus chaladuras?, se preguntarán algunos. La existencia es un polvo continuo, y hasta en determinadas etapas la religión nos recuerda eso de que “polvo eres y en polvo te has de convertir”. Vamos, como para banalizar el tema. ¿Algún ser humano o animal (irracionales hay muchos) han sido fabricados en común acuerdo de mala gana?  Recordemos que los santos también llegaron al mundo a raíz del polvo. Y así la vida es una cadena circular que se repite desde que a Adán y Eva decidieron crecer y multiplicarse. Aparecieron los chinos, los europeos, los americanos, japoneses, rusos, por supuesto que también los españoles y argentinos, y en medio de este mosaico surgieron los idiomas, las diferentes creencias y tradiciones. Pero lo que no puede negarme nadie es que el inicio de la esencia de la vida, sigue siendo el mismo. Pero es que si además se disfruta tanto, ¿por qué se empeñan algunos en demonizar una situación tan natural cuando dos personas se ponen de acuerdo? Que no, que mientras se pueda y el cuerpo aguante, la represión no deja de ser puro masoquismo sin ton ni son.
Recuerdo el gran complejo de culpabilidad que trataban de inculcarnos desde antes incluso de llegar a la pubertad a cuando teníamos malos pensamientos. Que todas las semanas nos hacían confesar y nos peguntaban: “¿cuántas veces, hijo mío?”. Pecado mortal, condenado al infierno, ese lugar (nos decían) que si mueres en desgracia es al que vas a ir. Y para acojonarnos más nos lo explicaban de la siguiente manera: “Imaginaos que estáis ahí permanentemente  envueltos en las llamas de Pedro Botero y encerrados en una gran bola de acero, y tan solo de millón en millón de años aparecerá un pajarito a dar un picotazo en un punto determinado. ¿Cuál es el poder de perforación del animalito. Niguno. El fuergo será eterno”. Así hasta que empezaron a reaparecer los polvos en nuestra existencia, y venga a hacernos pesadas las penitencias. Como la paciencia tiene un límite, al final ni puto caso, que en este país del nacionalcatolicismo en que me tocó vivir, todo era pecado, o religioso o civil. Aún recuerdo que cuando servidor aún era un tierno infante, en el Parque Grande José Antonio Labordeta de Zaragoza (antes José Antonio Primo de Rivera), un cura con hábitos sorprendió a una pareja besándose en la boca. Y aunque yo era niño  y ya apuntaba a cierta afición por el cotilleo, presencié la bronca tan impresionante por atentado a la moral pública y la amenaza a los “infractores” de llamar a la policía. Sí, era la época en la que los jóvenes no tenían dinero y que antes de las diez de la noche debían estar en casa.
Crecer y multiplicar. Si ya lo decretó el Creador, que además nos dotó de una naturaleza suficientemente hermosa para disfrutar sin mojigaterías. Que el polvo es como es, que no surgió de otra manera. Lo malo es que conforme uno se hace mayor aparecen las primeras goteras, va al médico, te receta muchas cosas, te prohíbe muchas más, y cuando protestas, con sorna te comenta: “los polvos son buenos, disfrutas y relajan muchos, que ahí no te prohíbo nada”. El muy cabrito…
MANUEL ESPAÑOL

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